El gran cañón de Groenlandia

Cañon de Groenlandia

Recreación del curso del cañón en Groenlandia. / J. BAMBER (SCIENCE)

Navegando por la red me acabo de llegar una grata sorpresa. Cuando yo estudiaba la carrera, uno de los eventos que más nos llamaban la atención a mí y a mis compañeros eran los investigadores jóvenes que conseguían una beca para ir a hacer un proyecto de investigación a la Antártida, con los expertos del Departamento de Hidrología de la Facultad de Biológicas en donde estábamos.

A lo largo de la carrera nos enseñaron en varias asignaturas que a través del agua podíamos conocer datos históricos, ancestrales, del medio, dado que los gases que pudieran haberse quedado encerrados en el hielo conservaban la composición de la atmósfera de cuando quedaron atrapados, los cuales, siendo analizados en laboratorio, nos dan información de cómo era la atmósfera del planeta entonces.

Cuando nos contaban estas cosas, mi cara y la cara de los otros compañeros que estaban a mí alrededor, era un cuadro de Picasso. Todos soñábamos con que, algún día, nos tocaran con esa varita mágica tan cotizada para darnos la oportunidad de vivir esa experiencia. “Qué tontería”, pensaba la gente de mi entorno fuera de Ambientales; “Para que ir a un sitio despoblado en donde solo hay hielo y más hielo y un frío Polar”, nunca mejor dicho,… y para mí sería como ganar el premio gordo.

Leyendo un artículo de El País, “El gran Cañón de Groenlandia”,  relata que un grupo de investigadores a través de técnicas geoespaciales ha descubierto un cañón en Groenlandia, de mayor tamaño que el Cañón del Colorado, bajo una superficie helada de 2 km. Lástima que sea el rastro de un antiguo río y que haya desaparecido por completo el curso fluvial. Aun así me sigue llamando la atención que con estas técnicas se puedan detectar fenómenos de esta naturaleza.

Me ha llamado la atención porque desde hace unos años, hay un movimiento científico de alerta por la fusión del hielo de los polos y el aumento del nivel del mar. Es un fenómeno que parece que poco a poco está pasando a consecuencia parcialmente del cambio climático y que a mí personalmente me asustaba un poco. Así que, saber que aún existen lugares que servirán como sumideros naturales de un gran volumen de agua, me alivia. Bastante. Y me anima a pensar que si un cañón de estas proporciones (tiene una anchura de 10 kilómetros de ancho y una profundidad de 800 metros) no era conocido hasta ahora, seguramente habrá otros tantos, de similares características, que aún quedan por ser descubiertos.

Así que, en resumen, personalmente pienso que no hay que desatender ni obviar las alertas que la comunidad científica continuamente manda a la sociedad, pero tampoco tomarla como un Padre Nuestro, porque aún quedan muchas sorpresas por aparecer.

Publicado por Candela

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