Mis vecinos los osos

Bahía Hudson

De nuevo navegando por la red me he encontrado con un artículo relacionado con el deshielo polar que ha despertado mi atención y no es que sea porque esté demasiado involucrada en este tema, o al menos eso creo, es porque cada vez se publican mas artículos dando noticias que de alguna manera están relacionadas con ello.

Este artículo, publicado en la sección de Geografía del periódico El País, ha llamado mi atención en un primer momento porque me ha hecho recordar un tierno anuncio publicitario colgado en Youtube que se difundió mucho a través de las redes sociales haces unos pocos años.  Trataba de mostrar a través una comparación muy tierna la difícil situación que algunas especies polares están viviendo por ver su hábitat reducido en tamaño. El video para los que no lo hayan visto mostraba a un hombre que cada vez que llegaba a casa después de trabajar se encontraba con que su casa había empequeñecido, hasta que llegó un día en el que el marco de la puerta de entrada había menguado tanto que no le permitía pasar.

Lo que trataba de hacernos comprender este anuncio, que data de 2009, es una realidad que está pasando. Está pasando hasta tal punto que en los cinco territorios polares (Alaska, Canadá, Groenlandia, Noruega y Rusia) se están dando situaciones duras y violentas. Este artículo cuenta como los habitantes de ciudades colindantes a la Bahía Hudson, al noreste de Canadá, están empezando a sufrir ataques de osos polares, que aunque para el común de los mortales puede parecer un hecho “bastante típico”, es en realidad un comportamiento anómalo, de hecho, se pueden contar con los dedos de una mano los ataques registrados.

Según detalla el artículo, los osos están empezando a tener estos comportamientos debido a una situación relacionada con el deshielo polar. La Bahía Hudson cada vez se congela durante menos tiempo,  la temporada de hielo desaparece a un ritmo de un día al año durante las tres últimas décadas, lo que les lleva a alejarse de la Bahía en donde cazan a las focas, que es su principal fuente de alimento. Obligados a adentrarse tierra adentro (hecho insólito porque no solían alejarse más de 8 km de la costa), se acercan a pequeños territorios habitados, como la ciudad de Churchill de unos 800 habitantes y al territorio autónomo de Nunavut  (ambos situados al norte de Canadá) para buscar alimento.

Los científicos estadounidenses, que de esto saben, afirman que la agresividad de los osos contra una persona “es en un caso extremo, pero probable, que puede surgir cuando uno de estos animales se encuentre al límite”. Y así ha sido. Desde principios de este año hasta el mes pasado, se han registrado un total de 168 incidentes, 110 provocando heridas graves,  entre los que cabe destacar el ataque de un oso a una joven que volvía de la fiesta de Halloween, el cual le arrancó una oreja y posteriormente hirió a otro hombre en la cabeza y el torso. También  afirman que estos encuentros no van a cesar sino que van a ir en aumento y que la cifra estimada puede ser comparable con los “miles y miles —probablemente decenas de miles— de encuentros no violentos con osos polares”. Es decir, que la cosa pinta fea.

Los gestores de la naturaleza de los territorios polares están preparando una base de datos para contabilizar los ataques de osos polares y los responsables de conservación de Churchill y Nunavut están trabajando en un sistema de alerta temprana para detectar a los osos polares invasores, como radares o sofisticados marcadores en las orejas. Además,  se está llevando a cabo una campaña para que los osos teman a los humanos, de esta forma cuando una persona aviste o se cruce con uno de ellos no necesite defenderse para no ser víctima de una agresión.

Leyendo esta noticia a mí se me queda mal cuerpo. Porque uno nunca sabe que pensar. Pese a que exista una vigilancia en continuo y que por propia naturaleza los osos polares no atacan a las personas, habiéndoles empujado a una situación crítica, que ha alterado su comportamiento, no sé que pueda pasar. Y no sé si se esperará a que suceda la tragedia para que se activen más alertas y se interpongan más medios de seguridad ciudadana en aquellas zonas en donde los avistamientos de osos son cada vez más frecuentes o si con los medios de seguridad que ya se han interpuesto será suficiente.  Tampoco puedo evitar el pensamiento recurrente de que siempre pasa lo mismo y no aprenderemos nunca. Porque pudiendo haber puesto medidas para evitar que se presentara el problema, hemos esperado a que suceda para ingeniar soluciones parciales que en ninguno de los casos son definitivas ni totalmente eficaces. Siendo además este problema el precursor de otros que no tardaran en venir. Y con este optimismo de finales de año me despido. 🙂

Publicado por Candela

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